Cannes lleva una semana brillando y presentando films que todavía no nos han llegado y prometen un largo camino. Con él, con el festival, se inician los viajes, físicos y espirituales. Por una parte, el futuro de estas películas y su visita a nuestras salas depende del éxito y la acogida que tengan al evento, mientras que por otro lado, muchos de estos films nos abren puertas a realidades, mundos, lejanos, o no tan lejanos a veces, pero que nos permiten volar, conocer y saborear. Por eso, digo, y afirmo, que los viajes empiezan en los festivales.
No obstante, Cannes queda muy lejos, por eso debo agredecer que mucho más cerca, aunque quizás menos glamuroso, que no por eso menos interesante (aquí no hay actores, actrices y directores famosos que se pasean por a La Croisette, pero todo queda más próximo, accesible y humano) Barcelona, Paris y Nueva York han acogido paralelamente el noveno Festival de Cine y Derechos Humanos, que se termina mañana después de varios días y pases de interesantes películas.
Ha sido todo un regalo, para quien le guste viajar, el cine, y la justícia. Y lo inédito, pues a través de él nos ha llegado un centenar de films, la mayoría de los cuales dificilmente hubieramos podido visualizar.
Desde Alemania, Larysa Kondracki y su The Whistleblower (La verdad oculta), que se ha proyectado por primera vez en España, indaga en el tráfico sexual durante la guerra de los Balcanes, mientras Walking Toward, de Roberto Cuzzilo, vive el presente de una superviviente de Bosnia en Roma. También el recuerdo de la guerra civil en Burundi (1994) es recordado en Na wewe, de Ivan Goldschmidt, y los trágicos hechos vividos en una fabrica polaca en 1970 es evocada en Black Thursday, de Antoni Krauze.
El Festival también pasa por latinoamérica, deteniendose, entre otros sitios, en México con Lebenswlt (NOS) de Elías Brossoise, y muy especialmente navega por la primavera árabe, tan de actualidad. És el caso de 18 Days, un corto sin narración (las imágenes hablan por si solas) del egipcio Tarek Abouamin, y la ficción How to Start a Revolution, de Ruaridh Arrow; Tunisie, la révolution en marche, último trabajo del periodista francés Gilles Jacquier, asesinado el 11 de enero del 2012 en Síria, y Karama Has No Walls, de Sara Ishaq, sobre los terribles hechos en la plaza de la revolución en la capital yemenita en 2011. Le siguen reportajes que nos acercan al otro lado del estrecho, como 2 horas, de Karim Aitouna, sobre la árdua tarea de cruzar la frontera hispano-marroquí, y Hammada, el pulso del desierto (Isabel Ribas), documental sobre la realidad de los refugiados saharauis en Tinduf, Argelia.
Y Iran interesa, como vemos en la crítica del documental de Antonia Juhasz a los medios de comunicación norteamericanos por su incapacidad para realizar una información exacta, veraz y relevante sobre Iran en Iran is not the problem; o la emblemática My Tehran for sale, de Granaz Moussavi, que llegó hasta nosotros por el sonado encarcelamiento y juicio de la actriz Marzieh Vafamehr por su actuación en el film.
Y Europa sigue interesando, y con la crisis aún más. No obstante, señalaré solamente el corto portugués, O voo da papoila , de Nuno Portugal, y el largometraje Por aqui tudo bem, de Pocas Pascoal, sobre dos refugiadas de la guerra civil de Angola en la Lisboa de 1980, o el film que irradia todo el calor del verano en una contemporánea Atenas, Wasted Youth, de Argyris Papadimitropoulos y Jan Vogel .
Ahora sí. Lo mejor es darse un paseo por y visitar los trailers, film por film, en el web oficial del Festival en Barcelona para que descubráis cual de éstas y muchas más (estamos hablando de un centenar de obras) os puedan interesar. Preparad maletas, pues el viaje empieza en los festivales.