Àlex Montoya, viajero ocasional, cinéfilo vocacional

Àlex Montoya (con acento abierto en la A, como suele insistir, pues siempre le confunden con el director de cortos valenciano) lleva trabajando más de una década en la principal revista española de cine, y pionera (nació en 1946), Fotogramas.

Eso le ha permitido observar de cerca a directores, actores, actrices y todo un abanico de artistas y celebrities varias, pero también le ha dado la oportunidad de viajar de festival en festival, sean los más patrios San Sebastián o Sitges, hasta los más internacionales, como Berlín y Los Ángeles.

Pero a parte de sus viajes de trabajo, que a muchos les podrían parecer de auténtico placer, reconoce que aunque no sea un coleccionista de lugares cinéfilos sí suele buscarlos cuando se mueve de una u otra ciudad. O a veces le encuentran a él. Así fue, según cuenta, con el café de Amélie (Jean-Pierre Jeunet, 2001) o con el bar de Antes del amanecer (Richard Linklater, 1995) con lo que empezaríamos por preguntarle cómo fueron estos encuentros y si sintió un cosquilleo especial al pisar estos lugares …

A.M. A la cafetería donde trabaja Amélie la verdad es que llegamos a ella porque estábamos alojados en un hotel cercano, incluso diría que en la misma calle, en la emblemática Rue Lepic. Al saber que estaba cerca la buscamos y nos animamos a probar que tal se desayunaba allí. Era bueno, bien de precio, por lo que repetimos cada día de nuestra estancia. Lo habían decorado con carteles de la película, fotos del rodaje y de escenas del film, incentivando y promocionando el hecho de que allí se rodase Amélie.

Pero lo que fue un encontronazo fue el bar de Antes del amanecer (aquel en el que una mujer le lee la mano Céline, el personaje de Julie Delpy). Eso fue pura casualidad. Paseando por Viena llegamos a la plazoleta donde se encuentra el bar y lo reconocí. Al llegar les dije a mis acompañantes: “hostia, esta no es la plazoleta de Antes del amanecer?”. Nos sentamos fuera en la terraza, como lo hacían los personajes de Julie Delpy y Ethan Hawke en aquella escena. Fue curioso pues en este caso no tenían nada concreto sobre el film, así que le pregunté incluso a la camarera para cerciorarme de que estaba en lo cierto. Y me lo confirmó sin demasiado entusiasmo. Estaba más que claro que ni lo promocionaban ni lo vendían. No obstante, por aquellas mismas fechas, en Viena fuimos también a visitar la famosa noria, que aparece también en el film de Linklater, y que además fue donde se rodó la famosa escena de El tercer hombre (Carol Reed, 1949). De hecho en aquel momento hacían en Viena una exposición que se llamaba “Viena en el cine” y era todo de películas rodadas allí, y aunque en su mayoría eran películas austríacas se centraban mucho en El tercer hombre.

Y recuerdas algunos sitios de este tipo que hayas visitado en algunos de tus viajes?

A.M. Pues recuerdo que cuando fui a París busqué con mucho empeño el Pont-Neuf sólo porque fue escenario en Todos dicen I love you (Woody Allen, 1996), con la famosa escena con Goldie Hawn, y de Un americano en París, en donde baila Gene Kelly, además de acoger también las escenas de Los amantes del Pont-neuf. Allí también busqué una pequeña callecita  con muchas escaleras que sale en Antes del atardecer (Richard Linklater, 2004), la continuación de Antes del Amanecer.

Por otro lado, en Londres, también nos acercamos hasta la librería de Notting Hill. Estábamos visitando el barrio, en día de mercadillo, y le pedimos a una amiga que vivía allí que nos guiara hasta la librería. No tenía nada, salvo que estaba igual que en la película, muy mona, muy cuca. Y en Berlín visité el check-point Charlie, más allá de su significado histórico, por Uno dos, tres de Billy Wilder (1961), sólo para darme cuenta cómo ha cambiado todo aquello desde que se hizo la película. Ah, y en Barcelona, iba mucho a La Veronica que también sale a En la ciudad (Cesc Gay, 2003). Esto cuenta? De hecho ya iba antes de la película, pero me gustó todavía más cuando la vi en este film, que me entusiasma enormemente. Además, salen del cine Florida y se van a La Veronica a comer. Gran plan. Puede que sea poco exótico, porque soy de Barcelona, pero la verdad es que me hizo mucha gracia.

No obstante, y a pesar de todas estas visitas,  tengo que reconocer que soy un poco caótico y que cuando viajo me encanta dejarme llevar. Si que cuando estoy en una ciudad me vienen imágenes e ideas sobre los films que he visto y que pasan allí, y luego los he buscado. Aunque mi mismo caos hace que no busque con antelación las direcciones de estos sitios, como me pasó con la tienda de discos de Alta fidelidad, que después de buscar y buscar acabé no encontrándola. Pero en este caso me refiero a la tienda del libro de Nick Hornby en que se basa la peli, pues la versión cinematográfica transcurre en Chicago.

Y cuál de estos encuentros te conquistó más?

A.M. Realmente de todos ellos, el que me gustó más fue mi encuentro con el bar de Antes del amanecer. Primero porque no lo estábamos buscando y fue absolutamente casual encontrármelo.  El Pont-Neuf sí que lo busqué expresamente para hacerme una foto allí, pero en el caso de Antes del amanecer fue por sorpresa, encontrarnos en la plaza y el bar mientras nos perdíamos por Viena. Y es que tengo que reconocer que el film de Linklater es una película que me gusta especialmente.

Minuto 5:51

Alguna curiosidad más con tus encuentros cinéfilos?

A.M. Mmmm…sí. Una vez fui a Los Angeles a una entrega de premios de la cadena Blockbuster en que daban unos galardones, como “los Oscars del video”, aunque no se daban tanto por tema interpretativo, sino más como si fueran los MTV: “premio a la pareja más glamurosa, a la pareja de acción”, y a famosos como Johnny Depp, Morgan Freeman, o Kirsten Dunst. Pues los organizadores no llevaron a cenar a un club y resulta que era el club de los Blues Brothers, fundado por Dan Aykroyd y John Belushi. El local se llamaba The House of Blues y era un espacio de dos pisos. Arriba había el restaurante-bar y abajo tenían una pista de baile en donde hacían actuaciones. Y además, aquella noche cantaba el tipo de El Padrino, Al Martino. En el film de Coppola interpretaba a Johnny Fontane y es quien, al decirle a su tío que no quieren contratarlo, desencadena la famosa escena en que el Padrino deja una cabeza de caballo en la cama del productor.

Dejando atrás estos encuentros con el cine, has deseado viajar a algún sitio después de ver una película?

A.M. Si claro, absolutamente. Ejemplo clarísimo: Memorias de África (Sydney Pollack, 1985). Quien no ha querido ir a África después de ver esta película? Y a Paris? Con todas las películas que pasan en París, que es un plató fantástico… O Londres, que es una ciudad muy cinematográfica y en donde he ido a mil sitios que he podido relacionar muchas veces con películas. O Nueva York, pues si no fuera por el cine creo que no tendría tanto turismo como tiene. Es así, para mí el cine es una gran guía de viajes; incluso creo realmente que antes del cine seguramente no había turismo.

Pero en mi caso, por encima de todo, Nueva York, clarísimo. Nunca he estado en Nueva York, plató de cine por excelencia, y de hecho éste es el gran agujero negro de esta entrevista. Quiero ir allí desde que vi con 7 u 8 años Un día en Nueva York, de Stanley Donen y con Gene Kelly, primera película que se rodó en exteriores de la historia de Hollywood. Luego vi las películas de Woody Allen y quise todavía más. Tengo muchas ganas de visitar esta ciudad y fundamentalmente por el cine. Correr por Central Park, subirme al Empire State….Por lo tanto puedo decir que Nueva York es el lugar que quiero ir por culpa del cine.

Y otros sitios? Mmmm…el Gran Cañón, que parece ser tan impresionante como lo retrataba John Ford en sus pelis; la Irlanda de El hombre tranquilo (John Ford, 1952) y la Provenza de Un buen Año (Ridley Scott, 2006), una chorradita romántica hecha con oficio que funcionaba muy bien y con la que te entraban muchísimas ganas de ir allí. Y a Roma, por supuesto, donde tampoco he ido nunca, pero que quiero conocer a causa de La Dolce Vita (Federico Fellini, 1960). O Escocia, por Braveheart (Mel Gibson, 1995). O toda Europa, si tenemos en cuenta Antes del amanecer otra vez. Después de verla me vinieron muchísimas ganas de hacer un interrail, aunque me pilló un poco mayor ya.

No obstante, también tengo que decir esto de las películas que te dan ganas de viajar tiene también un poco de trampa. Por ejemplo, Escondidos en Brujas (Martin McDonagh, 2008). Tú la ves y dices: “Quiero ir allí”. Pero si has ido alguna vez a esta ciudad y ves el film piensas que te están engañando, pues te la pintan como que es una ciudad estupenda y la verdad es que muy bonita, pero es una ciudad de postal que no tiene ninguna vida. Eso me ha pasado tres o cuatro veces con esta misma película y nunca me canso de decir que lo que ven es mentira, que muchas veces dan imágenes idílicas de un sitio pero a la vez también te están engañando.

Entre las diferentes expresiones de lo que podríamos denominar “cine de viajes”, tienes predilección por alguna?

A.M. Pues me encantan las road-movies. Porque de hecho, me entusiasma el Western desde siempre, y para mí el Western está plagado de road-movies….a caballo. A caballo, con carromatos, colonos, indios, fugitivos, forajidos, etc. Por ejemplo, me gusta muchísimo Dos cabalgan juntos (1961), de John Ford, que sólo con el título ya define muy bien en qué consiste esta road-movie equina. Aunque no sólo los Western, incluso encuentro fantásticas aquellas road-movies que se mezclan con otros géneros: Pequeña Miss Sunshine (Jonathan Dayton y Valerie Faris, 2006), Dos hombres y un destino (George Roy Hill, 1969), Airbag (Juanma Bajo Ulloa, 1996); Bombon el perro (Carlos Sorín, 2004), Thelma y Louise (Ridley Scott, 1991); o Viaje a Darjeeling (2007), gran película de Wes Anderson.

Y aunque no son road-movies, ni westerns, hay películas de viajes a nivel más amplio que también me atraen. Soy muy fan de las Locas vacaciones europeas de una chiflada familia americana (Harold Ramis, 1983) o Road Trip viaje de pirados (Todd Phillips, 2000), comedias que me suelen hacer mucha gracia aunque sean grandes chorradas.  O Miedo y asco en las Vegas (Terry Gilliam, 1998), que aunque no sea muy políticamente correcto creo que mejoraría substancialmente si tuviéramos la oportunidad de ampliar sentidos y significados acompañándola con nuestros propios viajes lisérgicos.

Por otro lado, no sé si se puede considerar peli de viajes, pero me gusta mucho Lost in Translation (Sofia Coppola, 2003) por cómo explica el cruce de caminos de dos seres marcianos, que no tienen nada que ver uno con otro excepto en su soledad, y se encuentran en medio de una sociedad que les absolutamente ajena. Además, el Japón que retrata es muy atractivo, me encantaría conocerlo, ir al mismo hotel o al karaoke que visitan. Es emocionante, me dan ganas de viajar más.

Más vídeos:
Amélie
Notting Hill
Un día en Nueva York
Todos dicen I love you
El hombre tranquilo
Escondidos en Brujas
Dos hombres y un destino
Viaje a Darjeeling
Bombon, el perro

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Acerca de Lux Lisbon

Desde pequeña fui una hormiguita del coleccionar Fotogramas y películas. Recortar y clasificar por actores, actrices, directores...y grabar películas. Llegué a superar las 600 cintas de VHS con lo que, grabando dos películas por cinta sin cortes publicitarios, debí contar con un patrimonio de unos 1200 films, que ahora van llenándose de polvo en un rincón. Pero que cifra más alta me pareció esa! Y cuánto cine miré y remiré. Luego, con la edad, por fin salí de mi cascarón de cintas, archivadores y maratones cinéfilas a través de las que soñaba y viajaba a otras partes del mundo. Pero por fin, llegaba el momento de ver mundo, el mundo de verdad. Qué gozo y placer fue ver de primera mano aquello que me parecía tan conocido, tan familiar. Y te das cuenta que cuando creces, la vida da vueltas y tu en ella empiezas a vivir lo que antes sólo habías soñado, imaginado y vivido en la gran pantalla o en una pequeña tele de tubo. Empiezas a cruzar charcos, probar continentes, conocer los días y las noches de las grandes capitales, de las míticas rutas, de la Historia del mundo. Y sigues viendo cine, y sigues soñando con él. Y sigues viajando. Y siempre quieres más y más y más....Pero, por suerte, esto sólo acaba de empezar. Esto es sólo el principio de mi viaje......
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5 respuestas a Àlex Montoya, viajero ocasional, cinéfilo vocacional

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