‘Spotlight’, periodismo en estado puro y a ritmo de jazz

No se si he dicho alguna vez que soy fan de Mark Ruffalo. Un actor, a veces con gesto de estreñido, que sabe escoger muy bien sus películas. Me enamoró en Begin Again, que he revisionado de nuevo este verano (y me sigue encandilando como la primera vez), y me encantó en Zodiac, film que beve del cine de los setenta-ochenta y que además comparte mucho con la última película que protagonizó con acierto Ruffalo: Spotlight (Thomas McCarthy, 2015).

Es de estas películas que tienen un gran ritmo; en la que se investiga sin grandes persecuciones ni muertes ni teorias de la conspiración, y en la que se reconstruyen historias y escenarios. En este sentido, lo hizo maravillosamente la miniserie True Detective. Porque no hay prisa en la reconstrucción de la historia, porque la pistola no tapa el ejercicio de la pluma, sino que el film quiere discurrir con el compás de una canción de jazz. Y así, van juntado las piezas del puzzle, armando engranajes para atrapar al espectador en una historia armada en una espectacular telaraña.

Soy periodista y miro con cierto recelo lo mucho que ha cambiado la profesión como para que muy poco quede del periodismo de investigación anglosajón, toda una escuela que huye de lo que muchos ahora llaman periodismo de investigación, y es más parecido a la prensa amarilla y a lo que hacía Stephen Glass (interpretado por Hayden Christensen) y su impostura en El precio de la verdad (2003).

Así que me apasionó ver en acción a un grupo de periodistas del Boston Globe (para la publicación ‘Spotlight’)  con total seriedad y plena libertad para destapar los escándalos de pederastia cometidos durante décadas por curas del estado de Massachussets. Y aunque la pederastia en el seno de la Iglesia Católica es central en la película, es un film sobre el trabajo del periodista.

De ese modo, Spotlight deviene una magnífica y premiada película basada en hechos reales que transcurre en Boston durante al menos dos años (2001 y 2002), pues somos testigos del paso del tiempo y las dificultades de la investigación, los tejemanejes y pulsos entre políticos, poderes religiosos (una Iglesia Católica con mucho poder entre la sociedad irlandesa en Boston) y periodistas, y asistimos incluso, como contexto histórico, a la caída de las Torres Gemelas.

Micheal Keaton, Rachel McAdams, Liev Schreiber o Mark Ruffalo hacen unas interpretaciones contenidas y muy reales. El guión es fabuloso y la ambientación de un realismo poco usual en el cine estadounidense de los últimos años (pero si habitual en el cine de los ochenta como Acusados, El silencio de los corderos, Todos los hombres del presidente o Taxi Driver). Porque es casi una película de detectives, sin grandes héroes, con personajes muy humanos y con un enganche que aunque no se presente al inicio del film (cuesta mucho no perderse) acaba por absorberte el resto del metraje.

Ah, y el director es el mismo que la deliciosa The Station Agent (2003) antes de que Peter Dinklage se hiciera famoso como el más bajito de los Lannister.

NOTA: en este enlace encontraréis a los verdaderos reporteros de esta historia.

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Acerca de Lux Lisbon

Desde pequeña fui una hormiguita del coleccionar Fotogramas y películas. Recortar y clasificar por actores, actrices, directores...y grabar películas. Llegué a superar las 600 cintas de VHS con lo que, grabando dos películas por cinta sin cortes publicitarios, debí contar con un patrimonio de unos 1200 films, que ahora van llenándose de polvo en un rincón. Pero que cifra más alta me pareció esa! Y cuánto cine miré y remiré. Luego, con la edad, por fin salí de mi cascarón de cintas, archivadores y maratones cinéfilas a través de las que soñaba y viajaba a otras partes del mundo. Pero por fin, llegaba el momento de ver mundo, el mundo de verdad. Qué gozo y placer fue ver de primera mano aquello que me parecía tan conocido, tan familiar. Y te das cuenta que cuando creces, la vida da vueltas y tu en ella empiezas a vivir lo que antes sólo habías soñado, imaginado y vivido en la gran pantalla o en una pequeña tele de tubo. Empiezas a cruzar charcos, probar continentes, conocer los días y las noches de las grandes capitales, de las míticas rutas, de la Historia del mundo. Y sigues viendo cine, y sigues soñando con él. Y sigues viajando. Y siempre quieres más y más y más....Pero, por suerte, esto sólo acaba de empezar. Esto es sólo el principio de mi viaje......
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