Balcanes, 1995 ¿Where are all the flowers gone?

Mierda de guerra. El trueque como elemento que mueve el mundo, incluso en tiempos de “paz”; la burocracia de la UN, rozando siempre el surrealismo kafkiano; la falta de medios de los cooperantes, con valientes que van desde el ingenuo principiante al veterano pasado de vueltas; el puteo mutuo de la población en conflicto… Y, evidentemente, el horror, el dolor y la muerte.

¿Y qué hacemos? Reír para no llorar. Esta es la máxima. Porque, a pesar de todo, la vida, la naturaleza, sigue su curso. Irremediablemente. Porque aunque nos lamentemos por lo que se ha ido, marchitado, desaparecido…..el agua, siempre, sigue su cauce, encuentra su camino y brota de nuevo.

Así, con estos parámetros, Fernando León de Aranoa redondea una película (Un día perfecto, 2015) costumista e íntima en un entorno hostil y enrarecido: el del alto el fuego en la guerra de la antigua Yugoslavia, en la indeterminación que resulta entre la paz y la guerra abierta. Y lo hace sin casi dramatismo, casi siempre rozando el humor negro y el absurdo (tristemente más propio del mundo real que de la ficción), a través de las peripecias de un grupo de cooperantes en “algún lugar de los Balcanes en 1995”, obcecados en sacar un muerto de un pozo para poder sanear el agua y abastecer a la población local. Casi como el Gran Lebowski con su alfombra, pero a lo altruista y sin dejar atrás emociones y sentimientos.

Con un luminoso lenguaje de encuadres e imágenes (magnífica fotografía), y con personajes a los que adorar en una historia mínima absolutamente gozosa, la música se torna también protagonista. En algunos momentos clave, en otros algo cargante o fuera de lugar (aunque ya sabemos lo importante que resulta ser en sus films). Pero por suerte cuenta con una mítica ¿Where all the flowers gone? , versión Marlene Dietrich, de cierre, con imágenes de corte poético, bajo una llúvia bíblica, que pone la piel de gallina.

En definitiva, un diez para esta “comedia”, que no es tal, pero que consigue con éxito la ardúa tarea de que, veinte años después, podamos permitirnos reírnos una pizca de algo que envuelve tanto horror. Quizás por pura supervivencia a tal salvajada, como forma de superación, pues la guerra de los Balcanes sigue siendo algo que, se cuente como se cuente, encoje el alma. Y el film lo deja muy claro, más allá de las risas, los personajes pintorescos y las absurdidades: un NO rotundo a la guerra.

Título absolutamente irónico: Un día perfecto (Fernando León de Aranoa, 2015).

NOTAS:

1)Me declaro fan sin remedio de Benicio del Toro y Tim Robbins (creo que no objetivamente y, tanto, que hicieran lo que hicieran me gustarían). Pero es que incluso Mélanie Thierry está  sublime como mosca cojonera.

Siento mucho que los personajes de Kurylenko o de Sergi López sirvan de casi nada. El primero por odioso, aunque represente a la “chupatintas” que ya alejada del terreno se ha “vendido” a la burocracia y a las reglas encorsetadas del sistema. Y el segundo por desaprovechado (¿qué hace López con un cameo tan tonto, con lo que podría haber dado de sí?).

2) León de Aranoa por fin ha vuelto. Y se ha modernizado. Aunque sus films anteriores estaban llenos de simbolismos y metáforas (al estilo de la ambulancia en Barrio), cosa que no deja, las imágenes no siempre lo conseguían. A la vez que se hacía tedioso y repetitivo en la reivindicación. Pero incluso en esta ocasión consigue dejar a un lado su cómodo maniqueísmo: aquí no hay malos ni buenos, no hay bandos (quizás algunos dirían que debería de haber), con lo que consigue crear un mundo de víctimas divergentes, con motivaciones múltiples e incluso insospechadas. Porque, “es la guerra”, dicen todos los personajes. Y continuan andando.

A veces, no hace falta contarlo todo. Así es el poder de la evocación. Lo que, aunque aparentemente no lo parezca, da mucho que pensar.

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Acerca de Lux Lisbon

Desde pequeña fui una hormiguita del coleccionar Fotogramas y películas. Recortar y clasificar por actores, actrices, directores...y grabar películas. Llegué a superar las 600 cintas de VHS con lo que, grabando dos películas por cinta sin cortes publicitarios, debí contar con un patrimonio de unos 1200 films, que ahora van llenándose de polvo en un rincón. Pero que cifra más alta me pareció esa! Y cuánto cine miré y remiré. Luego, con la edad, por fin salí de mi cascarón de cintas, archivadores y maratones cinéfilas a través de las que soñaba y viajaba a otras partes del mundo. Pero por fin, llegaba el momento de ver mundo, el mundo de verdad. Qué gozo y placer fue ver de primera mano aquello que me parecía tan conocido, tan familiar. Y te das cuenta que cuando creces, la vida da vueltas y tu en ella empiezas a vivir lo que antes sólo habías soñado, imaginado y vivido en la gran pantalla o en una pequeña tele de tubo. Empiezas a cruzar charcos, probar continentes, conocer los días y las noches de las grandes capitales, de las míticas rutas, de la Historia del mundo. Y sigues viendo cine, y sigues soñando con él. Y sigues viajando. Y siempre quieres más y más y más....Pero, por suerte, esto sólo acaba de empezar. Esto es sólo el principio de mi viaje......
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