Un cuento finlandés en Francia

Aunque Le Havre (Aki Kaurismäki, 2011) transcurra en la ciudad portuaria francesa que da nombre al film, esta película del reputado director finlandés podría ser perfectamente un cuento de hadas. No llega al surrealismo mágico de Amelie, ni a su empalagosa ñoñería (con la que disfruté efectivamente) pero si a la brillantez, la sonrisa y la sucesión de situaciones absurdas y divertidas.

El protagonista, Marcel Marx, es un optimista, a veces incluso como un ingenuo niño incapaz de discernir el peligro o la mentira, que vive feliz y tranquilo trabajando de limpiabotas (aunque con pocos zapatos de piel para limpiar en este mundo moderno), pasando por el bar y escuchando a su mujer refunfuñar. No necesita más, con lo básico en este barrio humilde de obreros de esta ciudad francesa es feliz.

Un día se cruza con un chico inmigrante, Idrissa, al que acoge en protección mientras su mujer está en el hospital. Marcel hace lo necesario para ayudar a los propósitos del chico, seguir el viaje hasta Londres, sólo con la ayuda de la gente del barrio (el del colmado, la del bar, la de la panadería….) que se vuelcan en esta misión de proteger al inmigrante, en la que brilla el empuje, optimismo y tesón de Marcel que no se rinde ante nada ni nadie.

Sin dramas, ni lágrimas, ni tragedias, ni lecciones ni moralina. Una comedia con el encanto de un costumbrismo vestido al natural, sin la ceguera de los filtros o los adornos, con el toque agridulce y lacónico de Edith Piaf sonando en el tocadiscos….

Y me quedo con una frase del film: en el Mediterráneo hay más partidas de nacimiento que peces: una persona sin identidad no puede ser expulsada. Para mi, esta frase, esconde la tragedia, la fría realidad, no el cuento de Kaurismäki, que huye de este horror. Al fin y al cabo, es un cuento.

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Acerca de Lux Lisbon

Desde pequeña fui una hormiguita del coleccionar Fotogramas y películas. Recortar y clasificar por actores, actrices, directores...y grabar películas. Llegué a superar las 600 cintas de VHS con lo que, grabando dos películas por cinta sin cortes publicitarios, debí contar con un patrimonio de unos 1200 films, que ahora van llenándose de polvo en un rincón. Pero que cifra más alta me pareció esa! Y cuánto cine miré y remiré. Luego, con la edad, por fin salí de mi cascarón de cintas, archivadores y maratones cinéfilas a través de las que soñaba y viajaba a otras partes del mundo. Pero por fin, llegaba el momento de ver mundo, el mundo de verdad. Qué gozo y placer fue ver de primera mano aquello que me parecía tan conocido, tan familiar. Y te das cuenta que cuando creces, la vida da vueltas y tu en ella empiezas a vivir lo que antes sólo habías soñado, imaginado y vivido en la gran pantalla o en una pequeña tele de tubo. Empiezas a cruzar charcos, probar continentes, conocer los días y las noches de las grandes capitales, de las míticas rutas, de la Historia del mundo. Y sigues viendo cine, y sigues soñando con él. Y sigues viajando. Y siempre quieres más y más y más....Pero, por suerte, esto sólo acaba de empezar. Esto es sólo el principio de mi viaje......
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2 respuestas a Un cuento finlandés en Francia

  1. Eva A. dijo:

    M’abelleix veure-la… 😀

  2. plAcido dijo:

    sencillamente humana

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