‘The road’, un viaje hacia el no lugar

Llevaba cinco minutos de película y ya no quería ver más. Me debatía entre la curiosidad de lo qué pasaría y el horror metido en el estómago, oculto detrás de las costillas. Punzante. No obstante, seguí adelante, angustiada en cada instante, entristeciéndome minuto a minuto, sufriendo. Pero incapaz de frenar. Este film ha hecho en mí lo contrario de lo que se supone que hacía la katharsis griega en el teatro antiguo. En lugar de canalizar los demonios, los miedos hacia algo que podría pasar pero que no es real y sentir alivio, sentí un horror absoluto. Y sigo sintiendo este terror, en un insomnio provocado por una historia de un mundo que ya no es mundo, y en donde hay poco de cualquier cosa, pero sobre todo de humanidad. Un viaje al no lugar, pues no hay nada en esta tierra quemada, sólo tierra muerta.

No me atrevo a recomendársela a nadie. Aunque sigo debatiéndome: no debería recomendarla, aunque vale la pena verla. Y luego pienso ¿para qué? ¿con qué finalidad? Porque creo que nunca había visto algo tan extremamente crudo y terrible como lo que narra, expresa y desglosa The road (la carretera) de John Hillcoat, 2010.

Cierto es que siento una extraña fascinación por las road movies, por el cine apocalíptico y por los zombies, vampiros, brujas y algun otro monstruo más (no todos, pues ni Freddy Krueger, el muñeco diabólico u otros semejantes no despiertan en mi ni una pizca de interés). Creo que porque este género tan irreal me produce un divertimento, ver algo de fantasía, ficción y puro entretenimiento para no tomarse demasiado en serio (quizás estos films sí me sirven de katharsis). Debe ser por eso que cuando me recomendaron The road, basada en la novela de Cormac McCarthy (No es país para viejos), pensé que me gustaría y tendría algo de ficción banal y olvidadiza. Y aquí estoy, medio traumatizada, escribiendo sobre algo que ayer ni me atrevía a reproducir mentalmente.

Puedo decir que me gustó este film, mucho, incluso en la incomodidad del horror. Pero me estremeció y horrorizó por igual. O más. Y quizás sea ésta precisamente la maravilla de la película. Que me incomodara, horrizara y me creara este miedo a la posibilidad (no tan remota) de un futuro tan cruel, inhóspito e inhabitable. Lo que uno pueda imaginar algún día como infierno, en la tierra. Y ni se acercaría. Pues allí no hay demonios bíblicos. Sólo fuego, destrucción, vacío, desolación, desesperación, locura. Y miedo, mucho miedo.

La fotografía del film, del gran Javier Aguirresarobe, es absolutamente espectacular, una mezcla gris-marrón inerte, como la muerte del color, para mostrar esta tierra post-apocalíptica; el clima, frío y estremecedor; lo que cuenta, devastador, terrible, a veces incapaz de digerir. Incluso a veces es peor lo que no cuenta y se pueda llegar a imaginar, desatando aquellas ideas sádicas y catastrofistas, aquellos miedos que conserva uno dentro y lejos, por supervivencia y cordura propias. A veces el horror es salvado sólo por la dulzura de un padre que hace de todo para proteger a su hijo, no sólo físicamente, sino emocionalmente. Para intentar conservar algo de su dignidad, leyéndole libros, contándole historias del “antes”, enseñándole a protegerse en el nuevo mundo. Pues el chaval, nacido ya en esta realidad, a veces es demasiado inocente, como un cachorro que tiene curiosidad por los otros de su especie, sin ser consciente del peligro que eso conlleva.

Las interpretaciones de los casi exclusivos protagonistas, Viggo Mortensen (soberbio) y Kodi Smith-McPhee, como padre e hijo intentando sobrevivir en un mundo desolado, en el que es imposible dormir tranquilo (por miedo a los caníbales, ladrones, por soñar un puñado de recuerdos dolorosos, hacia una fantasía de salvación, arrastrando un carrito, buscando algo de comida, escondiéndose al anochecer. Y unos cameos de Robert Duvall y Guy Pearce, algo más de Charlize Theron, como madre y esposa en los flash backs. No importa casi ni lo que pasó para llegar a esta situación. No se habla, más que de pasada, sobre una luz que llevó al cataclismo, al apocalipsis, a la destrucción total del planeta. De un planeta que parece ya muerto, sin esperanza (a excepción de un escarabajo en las ruinas del puerto). Porque, en The road sólo importa sobrevivir, sólo importa seguir el camino, vigilando la carretera para ser prudente y no dejarse ver ante los otros. Guardando la pistola con las pocas balas por si uno tiene que usarla contra uno mismo, antes que servir de comida para otros. Porque  la supervivencia no es para todos a cualquier precio. Se debe seguir adelante sin enloquecer, perder el fuego interno, el alma, la Humanidad.

NOTA: El tráiler no es demasiado fiel al sentido del film, porque destaca el apocalipsis, cuando casi ni aparece, aunque se intuya detrás de las ventanas tapadas de un apartamento.

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Acerca de Lux Lisbon

Desde pequeña fui una hormiguita del coleccionar Fotogramas y películas. Recortar y clasificar por actores, actrices, directores...y grabar películas. Llegué a superar las 600 cintas de VHS con lo que, grabando dos películas por cinta sin cortes publicitarios, debí contar con un patrimonio de unos 1200 films, que ahora van llenándose de polvo en un rincón. Pero que cifra más alta me pareció esa! Y cuánto cine miré y remiré. Luego, con la edad, por fin salí de mi cascarón de cintas, archivadores y maratones cinéfilas a través de las que soñaba y viajaba a otras partes del mundo. Pero por fin, llegaba el momento de ver mundo, el mundo de verdad. Qué gozo y placer fue ver de primera mano aquello que me parecía tan conocido, tan familiar. Y te das cuenta que cuando creces, la vida da vueltas y tu en ella empiezas a vivir lo que antes sólo habías soñado, imaginado y vivido en la gran pantalla o en una pequeña tele de tubo. Empiezas a cruzar charcos, probar continentes, conocer los días y las noches de las grandes capitales, de las míticas rutas, de la Historia del mundo. Y sigues viendo cine, y sigues soñando con él. Y sigues viajando. Y siempre quieres más y más y más....Pero, por suerte, esto sólo acaba de empezar. Esto es sólo el principio de mi viaje......
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2 respuestas a ‘The road’, un viaje hacia el no lugar

  1. jehane3 dijo:

    Esta es una de las grandes novelas de la literatura americana actual, de hecho fue premio Pulitzer en el 2007. Es uno de mis libros favoritos de esta literatura de la que soy una gran lectora. El libro es aún más negro, terrible y duro que la película. Tal vez porque cuando lo leemos vemos incluso más oscuro ese futuro que nos describe. Yo me lo leí de un tirón y la verdad es que me quitó el sueño. La película está bastante ajustada al libro y creo que muy bien hecha. Es de esas pelis que no olvidas con facilidad y que te dan escalofríos. Me gustan mucho las interpretaciones y el director de fotografía es magnífico.
    ¿Haremos con nuestras actuaciones en este planeta, que algún día eso sea lo que nos espere? Es terrible pensarlo, pero hay tantos locos sueltos con bombas accesibles que ya no es ciencia ficción. Eso es lo más terrorífico de esta historia.

    • Lux Lisbon dijo:

      Entonces…me recomiendas el libro?
      Completamente de acuerdo. Supongo que lo me dio escolafríos fue precisamente esta posibilidad…pienso que eso mismo ya les pasó a muchos durante la guerra fría, que pensaron en la destrucción definitiva del mundo por la bomba atómica. Pero ahora, además, creo que a ese miedo se le ha sumado otro concepto: la deshumanización del ser humano. Siempre ha habido bestias en el mundo, la idea del hombre que es un lobo para el hombre, pero es verdad que con la banalización del dolor y de la violencia durante este último tercio, parece como que la vida de los hombres y las mujeres tengan aún menos valor que antes. Y ahora somos más mortíferos y crueles. Si pensamos en este panorama, en las bombas, en la destrucción acelerada de nuestro planeta (que apunta que en 25 años no tendremos ni agua potable, ni polos, ni nada que crezca en la tierra), la posibilidad de una realidad como la que cuentan es viable….Si no hacemos algo por cambiarlo. Y sí, eso es lo más terrorífico de esta historia 😦

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