(El ruido) y la furia de tanques antibelicistas

El otro día, empujada un poco por el trabajo de un actor (y no me refiero a Brad Pitt, sino al estupendo Logan Lerman, una joven promesa de la interpretación que me dejó muda en Las ventajas de ser un marginado (Stephen Chbosky, 2012)) fui a ver Fury (David Ayer, 2014) que tan horriblemente (otra vez), han traducido en España como “Corazones de acero” (hay que añadir otro punto más a las terribles versiones de títulos cinematográficos y hartarse de nuevo a reír…o a llorar).

Fui sin expectativas. No esperaba que me impresionara demasiado, sino que sólo me entretuviera un rato. Me imaginaba una película de tiros, pues en el tráiler se vende como una película de guerra entre tanques, con mucha adrenalina y testosterona suelta. Quizás imaginé que habría patriotismo lacrimógeno, un Salvar al soldado Ryan “bis”, con el toque pomposa y sentimentalista hollywoodiense típico y tópico. Y para mi sorpresa, me encontré algo bastante distinto en los 134 minutos de metraje que, confieso, me atraparon y me pasaron volando.

No puedo negar que haya un poco patriotismo (no deja de ser un film “made in USA” y está en su ADN sentirse los héroes salvadores del mundo), aunque por extraño que parezca no se vea ninguna bandera americana. Pero, por encima de todo, Fury (me niego a llamarla en título patrio) es una película sobre el horror de la guerra y la brutalidad del frente. Cruda, muy cruda, y con un realismo de piel de gallina. Y aunque con alguna que otra incongruencia e inverosimilitud que no puedo decir para no spoilear (porque sobretodo tiene que ver con el final), disfruté y sufrí a la vez con esta crónica desnuda y descarnada sobre la contienda. Sin adornos ni cámaras a relentí, con toda la crudeza, bestialidad, barbarie, ceguera y deshumanización que hay en todas las guerras, a veces me pareció encontrarme ante la guerra de Bosnia y lo que vimos hace 20 años en los noticieros de la época más que dentro de una película bélica sobre la Segunda Guerra Mundial al uso.

Porque, en Fury hay sangre, barro y humo en una primavera alemana, lluviosa, gris y completamente ausente de sol (quizás porque se rodó prácticamente toda en Inglaterra); suciedad y putrefacción, cuerpos quemados; dolor, hedor y mucho, mucho miedo entre los personajes y tensión en cada una de las escenas, sin sobrar ninguno de ellos ni una pizca. Es decir, nada me pareció gratuito, aunque a veces desearía no haber visto tan gráficamente según qué. Pero el logro de este film es precisamente que la guerra en la pantalla ya no es ni bella ni heroica, y tampoco parece un videojuego (quién se espere algo de eso que juegue a World of Thanks pero que no pierda el tiempo en ver este film en que se equilibran bastante las escenas más “humanas” con las de acción), sino que se acerca más bien una película de actores. Como dije al empezar, Lerman se come con patatas a Pitt, que repite un poco el papel de Malditos Bastardos (Quentin Tarantino, 2009), LaBeouf, completamente afeado, Peña y Bernthal, con un personaje que al principio me resultó calcado a su Shane de The Walking Dead). Pero todos están más que notables en sus respectivos papeles.

La guerra enloquece, ciega, destroza. La guerra es un descenso a los infiernos que trastorna a cualquiera, trunca cualquier vida, destroza inocencias, incluso cualquier atisbo de bondad corrompiendo al buen samaritano. En este sentido, los matices psicológicos de los personajes son un valor añadido del film. No son para nada planos, ni todos reaccionan de manera previsible, sino que son perfectamente lógicos en sus contradicciones, en sus crueldades y flaquezas. Y aunque quizás les falte un hervor, una vuelta de tuerca para indagar aún más en sus demonios internos, me quedo con los lazos afectivos que unos completos desconocidos pueden llegar a materializar en situaciones extremas.

Pero, a pesar de que su acción y tensión tengan gancho, lo que se refiere a los personajes creo que la película está inconclusa. Acierta en el miedo de los protagonistas, en los gestos de dolor y locura de algunos personajes, agotados psicológicamente después de todo lo vivido, casi esterilizados ante el horror exterior. Pero por ejemplo, y sólo a modo de ejemplo, en el mundo real, los soldados borrachos y enloquecidos por tantas experiencias vividas en el frente, habrían violado a las alemanas de los pueblos que hubieran conquistado sin compasión. Aunque, quizás entonces, como espectador, si eso hubiera sucedido, sería casi imposible tener empatía con ninguno de los protagonistas y su devenir el resto del metraje.

En definitiva, para mi, Fury no es sólo una película de acción o una película sobre la Segunda Guerra Mundial. Y aunque podría haber llegado más lejos y cerrar argumentalmente la película con algo menos de entretenimiento y más sustancia, su retrato del horror, con unas imágenes sobre la brutalidad de la guerra sin filtro ni límite ni censura, la convierte, sin que esa sea su intención primer, en una notable película antibelicista.

NOTA curiosa:

Como no he tenido nunca interés por las armas, aunque si por sus terribles consecuencias, nunca había sabido que uno de los tanques más poderosos de la historia de la humanidad fueron los Panzer Tiger, ideados por la industria armamentística nazi en 1942 y frente a los cuales los tanques Sherman de los aliados estaban en completa desventaja.

No ha sido gracias a este film que me enteré de ello. El pasado año, La2 hizo bastantes reportajes sobre el desembarco aliado a Europa, el principio del final de la segunda guerra mundial, al cumplirse el 70 aniversario de la fecha. Uno de ellos, precisamente, narraba los primeros meses de los aliados adentrándose a Francia, desde el día D, el 6 de junio de 1944, hasta aproximadamente finales de otoño. El documental, un arduo trabajo de recopilación de imágenes reales coloreadas grabadas por los soldados, hablaba precisamente del poder destructor de los tanques Tiger, capaces de terminar con facilidad con una decena de tanques aliados. Frontalmente, el Sherman no podía atravesar los 10 cm de blindaje del Tiger mientras que el cañón del Tiger era capaz de atravesar un Sherman de lado a lado con cierta facilidad.

Según he podido leer, el Tiger que aparece en el film es real y no un prototipo. Se trata del único existente que aún es capaz de circular y pertenece al Museo de Bovington.

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Acerca de Lux Lisbon

Desde pequeña fui una hormiguita del coleccionar Fotogramas y películas. Recortar y clasificar por actores, actrices, directores...y grabar películas. Llegué a superar las 600 cintas de VHS con lo que, grabando dos películas por cinta sin cortes publicitarios, debí contar con un patrimonio de unos 1200 films, que ahora van llenándose de polvo en un rincón. Pero que cifra más alta me pareció esa! Y cuánto cine miré y remiré. Luego, con la edad, por fin salí de mi cascarón de cintas, archivadores y maratones cinéfilas a través de las que soñaba y viajaba a otras partes del mundo. Pero por fin, llegaba el momento de ver mundo, el mundo de verdad. Qué gozo y placer fue ver de primera mano aquello que me parecía tan conocido, tan familiar. Y te das cuenta que cuando creces, la vida da vueltas y tu en ella empiezas a vivir lo que antes sólo habías soñado, imaginado y vivido en la gran pantalla o en una pequeña tele de tubo. Empiezas a cruzar charcos, probar continentes, conocer los días y las noches de las grandes capitales, de las míticas rutas, de la Historia del mundo. Y sigues viendo cine, y sigues soñando con él. Y sigues viajando. Y siempre quieres más y más y más....Pero, por suerte, esto sólo acaba de empezar. Esto es sólo el principio de mi viaje......
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2 respuestas a (El ruido) y la furia de tanques antibelicistas

  1. plAcido dijo:

    cada vez eres más profesional en tus comentarios y críticas, Me encanta como describes, analizas, desmenuzas personajes y pones tus conocimientos y sabiduría a nuestro servicio. Gracias.

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