Gran Bretaña, alegoría de crisis, guerras y epidemias

En estos días de psicosis colectiva, en estos días en que parece que el mundo se acaba, muchos films se me vienen a la cabeza. De catástrofes, con teorías de las conspiración, grandes corporaciones, negligencias políticas, intereses farmacéuticos, apocalipsis zombies.

No acabó el mundo cuando comenzó el brote de Ébola en África, pues demasiado acostumbrados estamos ya a que la gente se muera allí. “A puñados” como dice José Naranjo. Ni pestañeamos, ni siquiera un poco. Parece tan lejos. Pero luego, zas, el problema llega aquí y el mundo se hunde, los medios de comunicación se ponen catastróficos, todo parece una broma de película de Berlanga. Aunque si nos ponemos serios, todo empieza a parecerse demasiado a 28 días después (Danny Boyle, 2002).

Precisamente, estos días hablando con amigos y conocidos del tema, el futuro planteado en la mayoría de conversaciones y animados por el morbo de nuestro imaginario, no dista mucho de esta película de zombies (bueno, exactamente zombies no, son infectados con un virus en un laboratorio en el que hacían pruebas con simios. ¡Toma ya analogía!). Reconozco que me impresionó en su momento cuando la vi. El film era una catharsis para mis fantasmas. Los míos y los de muchos, respecto la fin del mundo.Y esta impresión me enganchó. Aún me sigue estremeciendo. Aunque no por los sustos y la angustia que pude pasar, sino porque en ella, los supervivientes enloquecen hasta pisar, torturar y humillar a los que están en su misma situación. La vida no tiene ya valor y los instintos más sádicos salen a relucir sin ningún tipo de pudor.

Y luego está la proximidad. El film no pasa en los Estados Unidos. Allí Will Smith, Harrison Ford, Brad Pitt o el héroe de turno salvaría el mundo y se acabó. Sino que transcurre en Gran Bretaña (un Londres desértico te deja con la boca abierta) y el director británico ya había parido antes Trainspotting, de modo que el spleen se junta al “No Future” y el desasosiego es brutal. Y si el film hubiera transcurrido en la península, entonces ya sería un producto surrealista bañado con un plus de “chapuza al por mayor”.

También Hijos de los hombres (Alfonso Cuarón, 2004), que revisioné por pura casualidad la semana pasada, transcurre en una Inglaterra blindada y autoritaria que aísla y encarcela a los inmigrantes que quieren entrar en ella, en un mundo azotado por guerras, terrorismo y experimentos biológicos que han sembrado la infertilidad por toda la tierra. Clive Owen está estupendo, Julianne Moore y Michael Caine también, aunque con papeles demasiado cortos. Pero la atmosfera lúgubre y los aires de desasosiego, con una sociedad opresiva y enferma, completamente desnaturalizada, es demasiado parecida a un Occidente tristemente no tan futurista.

Finalmente hoy estrenan Mi vida ahora, del escocés Kevin MacDonald, y ya tengo el morbo de ir a verla. Está ambientada en el Reino Unido, en un futuro cercano en que los conflictos en Europa crecen alarmantemente y la Tercera Guerra Mundial está en camino. Como en el film de Cuarón, los ingleses acaban viviendo en un estado militar de violencia y caos. Espero que la historia de amor que sirve de hilo conductor no la convierta en un producto teen sin más. La curiosidad me mata y le voy a dar una oportunidad.

NOTA: Retomo el hilo de la entrada y aprovecho de nuevo para citar a José Naranjo.

Pero me hubiera gustado también que el incendio captara nuestra atención mucho antes de que una chispa nos saltara en el regazo. Que se hubieran recogido miles de firmas y hubiera manifestaciones, pero no para salvar la vida de un perro,  sino para promover el envío de ayuda y recursos al foco real del problema, donde hay gente muriendo a puñados. Y, sobre todo, que la serpiente del miedo no nos nuble la mirada y que entendamos de una vez que 3.500 seres humanos muertos y los que vendrán no son sólo una cifra aburrida en un periódico una mañana de domingo.

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Acerca de Lux Lisbon

Desde pequeña fui una hormiguita del coleccionar Fotogramas y películas. Recortar y clasificar por actores, actrices, directores...y grabar películas. Llegué a superar las 600 cintas de VHS con lo que, grabando dos películas por cinta sin cortes publicitarios, debí contar con un patrimonio de unos 1200 films, que ahora van llenándose de polvo en un rincón. Pero que cifra más alta me pareció esa! Y cuánto cine miré y remiré. Luego, con la edad, por fin salí de mi cascarón de cintas, archivadores y maratones cinéfilas a través de las que soñaba y viajaba a otras partes del mundo. Pero por fin, llegaba el momento de ver mundo, el mundo de verdad. Qué gozo y placer fue ver de primera mano aquello que me parecía tan conocido, tan familiar. Y te das cuenta que cuando creces, la vida da vueltas y tu en ella empiezas a vivir lo que antes sólo habías soñado, imaginado y vivido en la gran pantalla o en una pequeña tele de tubo. Empiezas a cruzar charcos, probar continentes, conocer los días y las noches de las grandes capitales, de las míticas rutas, de la Historia del mundo. Y sigues viendo cine, y sigues soñando con él. Y sigues viajando. Y siempre quieres más y más y más....Pero, por suerte, esto sólo acaba de empezar. Esto es sólo el principio de mi viaje......
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