Los territorios no autónomos

Descolonizados o colonizados, pero sin autonomía. Estos días, distintas partes del mundo incluidas en la “Lista de las Naciones Unidas de territorios no autónomos” han sido recordadas, tanto en el cine como en la prensa, por distintos motivos.

En mayo, Marruecos puso fin a las conversaciones mediadas por la ONU para resolver el conflicto sobre el Sahara Occidental, y casualmente en nuestras salas es ahora objeto de dos films españoles. Por un lado, Javier Bardem apadrina la prototípica obra militante y de denuncia (quizás demasiado tópica), el documental Hijos de la nubes (Alvaro Longoria), mientras, Wilaya, de Pedro Pérez Rosado (2012) huye de buena parte de lo que el primero plantea. En ella, una chica saharaui vuelve al campo de refugiados donde está su familia después de vivir varios años en España, y decide montar un negocio, harta de ver como su pueblo sobrevive sólo de la caridad exterior sin hacer el mínimo esfuerzo para salir adelante por sus propios medios. Las reacciones machistas de los hombres de su comunidad frente a las iniciativas de estas mujeres, y el problema del paternalismo de las políticas de cooperación occidental, son otros temas tratados con fuerza en la película.

Por otro lado, el conflicto de las Malvinas cumplió 30 años esta primavera, así que vale la pena hacer un poco de memoria para ponernos al día. La mayoría de films, por no decir que casi todos, son producciones argentinas, la parte más tocada y hundida, aunque mejor decir, traumatizada. Los chicos de la guerra (Bebe Kamin, 1984) es quizás la que más éxitos recogió y que sigue teniendo vigencia a pesar de los años, con la historia de varios chicos, de distintos estratos sociales, contadas a modo de flashbacks desde la contienda. En definitiva, adolescencias truncadas, perdida de la inocencia, inutilidad de la guerra.

La guerra de las Malvinas dio entre el bando de los vencidos, durante las últimas décadas del siglo XX, decenas de documentales, cortos y largometrajes, como La deuda interna (Miguel Pereira, 1988). Pero ha sido en los últimos años que el cine ha acrecentado muestras sobre el conflicto, como la superproducción Iluminados por el fuego (Tristan Bauer, 2005) alavada y criticada por igual; Fuckland (Jose Luis Marqués, 2000), semi documental con imágenes actuales de la isla; y Huellas en el viento (Sandra Di Luca, 2008) ; además de las obras en las que flota el trauma del conflicto sin ser específicamente films sobre las Malvinas, como El mismo amor, la misma lluiva (Juan José Campanella 1999); o Un Cuento chino (Sebastián Borensztein, 2011).

Por lo que se refiere al bando británico, sin el trauma de los perdedores, sólo Resurrected, del siempre interesante Paul Greengrass (1989) se adentra en la vuelta de las Malvinas de un soldado británico; y la reciente La dama de hierro (Phyllida Lloyd, 2011) sobre la poderosa dirigente britànica Margaret Tatcher.

Y los británicos también han puesto de actualidad el conflicto del peñón del Gibraltar. No se cumplen años, hace siglos de Gibraltar es británico, pero ha vuelto a la actualidad con la prohibición británica de navegar en aguas gibraltareñas, y la celebración del cumpleaños de la reina Isabel II.

El cine en este caso no ha estado nada pródigo en este tema, demasiado lejano (España perdió la soberanía del lugar a principios del siglo XVIII y nunca jamás la ha recuperad), demasiado político. Casi inexistente, quizás Misión en el estrecho (Pierre Gaspard-Huit, 1964) sobre como los servicios de inteligencia británicos intentan introducirse en una banda que se dedica a hundir barcos de la Armada cuando hacen escala a Gibraltar, es una de las pocas obras en que se trata el tema; o Operación Algeciras (Jesús Mora, 2003), interesante obra de espionaje en que la disputa de Gibraltar y España sirve de telón de fondo para hablar también de la guerra de las Malvinas. Youtube no ha sido demasiado, o nada, generoso con este conflicto.

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Acerca de Lux Lisbon

Desde pequeña fui una hormiguita del coleccionar Fotogramas y películas. Recortar y clasificar por actores, actrices, directores...y grabar películas. Llegué a superar las 600 cintas de VHS con lo que, grabando dos películas por cinta sin cortes publicitarios, debí contar con un patrimonio de unos 1200 films, que ahora van llenándose de polvo en un rincón. Pero que cifra más alta me pareció esa! Y cuánto cine miré y remiré. Luego, con la edad, por fin salí de mi cascarón de cintas, archivadores y maratones cinéfilas a través de las que soñaba y viajaba a otras partes del mundo. Pero por fin, llegaba el momento de ver mundo, el mundo de verdad. Qué gozo y placer fue ver de primera mano aquello que me parecía tan conocido, tan familiar. Y te das cuenta que cuando creces, la vida da vueltas y tu en ella empiezas a vivir lo que antes sólo habías soñado, imaginado y vivido en la gran pantalla o en una pequeña tele de tubo. Empiezas a cruzar charcos, probar continentes, conocer los días y las noches de las grandes capitales, de las míticas rutas, de la Historia del mundo. Y sigues viendo cine, y sigues soñando con él. Y sigues viajando. Y siempre quieres más y más y más....Pero, por suerte, esto sólo acaba de empezar. Esto es sólo el principio de mi viaje......
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Una respuesta a Los territorios no autónomos

  1. bbecares dijo:

    Tengo ganas de ver las del Sahara. Suena muy bien.

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