París, París

París, París. Oh là là. El París de Woody Allen es tan es bonito, tan precioso, tan charmante…… aunque sin parecer un largo (y absurdo y aburrido) anuncio de Estrella Damm como lo fue su gran mala película sobre Barcelona.

Por supuesto tampoco es realista, pues no vemos la banlieue, sino los rincones más encantadores de la Ciudad de las Luz, con sus mercados de antigüedades, sus jardines, sus bulevares, sus cafés y bistros, sus callejones de adoquines, etc. No obstante, lo importante de este París no es tanto la ciudad que es ahora en si misma, sino la que fue, la histórica, la de la Belle Époque y los brillantes años 20, la de la vida que allí floreció y su trascendencia para la historia cultural de Occidente, y en este caso, también para el camino del protagonista, un escritor con crisis de inseguridad (otra vez).

Sin contar nada que pueda desvelar demasiado la “gracia” del film (de verdad, éste si que la tiene), cabe señalar que Woody consigue devolvernos con fuerza la carcajada, la risa y la sonrisa a la vez que nos empuja a reflexiones vitales interesantes. Y todo ello, precisamente a través de su formidable regreso a las fantasías surrealistas, algo que hacía mucho que no trabajaba.

Eso es lo mejor de Midnight in Paris: como en un sueño, París cruza a Hemingway, Dalí, Buñuel, Cole Porter, Fitzgerald, Toulouse-Lautrec o Gertrude Stein. Y aunque cae de lleno en los tópicos y la caricatura sobre ellos, no deja de adentrarnos en una magia sin pretensiones que resulta muy eficiente y entretenida, y que nos empujan a visitar estos tiempos pasados (y gloriosos) de esta ciudad.

En definitiva, no és un gran film de Woody Allen, aunque recupera algunos de sus brillantes tics. Y después de Match Point (2005) o Si la cosa funciona (2009), y a pesar de producir un film al año, es de lo mejor que ha hecho últimamente.

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Acerca de Lux Lisbon

Desde pequeña fui una hormiguita del coleccionar Fotogramas y películas. Recortar y clasificar por actores, actrices, directores...y grabar películas. Llegué a superar las 600 cintas de VHS con lo que, grabando dos películas por cinta sin cortes publicitarios, debí contar con un patrimonio de unos 1200 films, que ahora van llenándose de polvo en un rincón. Pero que cifra más alta me pareció esa! Y cuánto cine miré y remiré. Luego, con la edad, por fin salí de mi cascarón de cintas, archivadores y maratones cinéfilas a través de las que soñaba y viajaba a otras partes del mundo. Pero por fin, llegaba el momento de ver mundo, el mundo de verdad. Qué gozo y placer fue ver de primera mano aquello que me parecía tan conocido, tan familiar. Y te das cuenta que cuando creces, la vida da vueltas y tu en ella empiezas a vivir lo que antes sólo habías soñado, imaginado y vivido en la gran pantalla o en una pequeña tele de tubo. Empiezas a cruzar charcos, probar continentes, conocer los días y las noches de las grandes capitales, de las míticas rutas, de la Historia del mundo. Y sigues viendo cine, y sigues soñando con él. Y sigues viajando. Y siempre quieres más y más y más....Pero, por suerte, esto sólo acaba de empezar. Esto es sólo el principio de mi viaje......
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