‘Déjame entrar’, cálido amor en la fría Suecia

Maravillosa. Fantástica. Tierna. Dulce. Y cálida. Así es Déjame entrar (en su versión original, sueca, no el remake de turno americano….por qué se empeñaran en hacer remakes?) una película que te envuelve y te atrapa. Y todo ello a pesar de un frío nórdico en el más puro sentido. La Suecia del film es un lugar sin luz, plagado de nieve, con personajes decadentes, amargos,  enfermos (el padre de la niña vampira es, en la novela original en la que se basa el film, un pederasta), sin música ni risas, ni simpatías, ni paraísos, ni paisajes que ver. Ya debe ser así en los largos inviernos, con una permanente oscuridad, con una latente frialdad (no sólo climática), con una asfixiante soledad.

Pero todo ello, o mejor dicho, a pesar de todo ello, se presenta un fuerte contraste: la calidez de la historia central del film. Y es que, aunque parezca una paradoja, el calor, la luz, el contrapunto a este entorno hostil la aporta Eli, la niña vampira que pasea sola por el parque, sin abrigo y descalza, y que ofrece al protagonista, Oskar, la seguridad y la ternura, la alegría, la amistad y al amor que le es ausente en este entorno tosco, casi asfixiante. Porque Oskar es un niño sin sonrisa, víctima del acoso continuo  de sus compañeros y del ambiente distante de su casa, con un padre ausente y una madre atosigante y monótona. Y de este planteamiento cotidiano casi costumbrista emana el terror y el romanticismo expresados con gran emoción y huyendo del género de vampiros al uso. Ni capas, ni ataúdes, ni acción, ni aires góticos…ni derroche de sangre ni pelos de punta por la muerte, la violencia o el asesinato que provoca esta chupasangres atrapada por su naturaleza y/o por su instinto protector. 

No obstante, entre tanta fuerza y belleza hay también escenas para olvidar, como la de la cama de la mujer ardiendo y la escena de los gatos locos (aunque no puedes evitar soltar una risilla nerviosa) y algunos de los flashes que eluden a sangrías, aunque puede que sirvan al director para no explotar la sangre de manera efectista. De hecho esto lo demuestra el magnífico el punto de vista de la escena cumbre de la piscina: el espectador sumergido en la piscina como Oskar, intuyendo la carnicería que transcurre en la superficie .  

La oscuridad abre el film y perdura durante todo el metraje. Pero no lo cierra. Pues el amor lo transforma. La imagen más luminosa es precisamente la del final, en un vagón de tren, con las cortinas moviéndose por la suave brisa, de camino hacia no se sabe donde, entre paisajes verdes, preñados de vida y felicidad…y unos dulces toques en una caja. La escapada definitiva a esta Suecia estéril en donde puede que alguien quiera viajar, aunque casi seguro que nadie desearía vivir.

Déjame entrar (Thomas Alfredson, 2008)

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Acerca de Lux Lisbon

Desde pequeña fui una hormiguita del coleccionar Fotogramas y películas. Recortar y clasificar por actores, actrices, directores...y grabar películas. Llegué a superar las 600 cintas de VHS con lo que, grabando dos películas por cinta sin cortes publicitarios, debí contar con un patrimonio de unos 1200 films, que ahora van llenándose de polvo en un rincón. Pero que cifra más alta me pareció esa! Y cuánto cine miré y remiré. Luego, con la edad, por fin salí de mi cascarón de cintas, archivadores y maratones cinéfilas a través de las que soñaba y viajaba a otras partes del mundo. Pero por fin, llegaba el momento de ver mundo, el mundo de verdad. Qué gozo y placer fue ver de primera mano aquello que me parecía tan conocido, tan familiar. Y te das cuenta que cuando creces, la vida da vueltas y tu en ella empiezas a vivir lo que antes sólo habías soñado, imaginado y vivido en la gran pantalla o en una pequeña tele de tubo. Empiezas a cruzar charcos, probar continentes, conocer los días y las noches de las grandes capitales, de las míticas rutas, de la Historia del mundo. Y sigues viendo cine, y sigues soñando con él. Y sigues viajando. Y siempre quieres más y más y más....Pero, por suerte, esto sólo acaba de empezar. Esto es sólo el principio de mi viaje......
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